GIN en los medios

Capital humano por Martín Espinosa

Jun 12, 2018 Angel Ruiz

Resulta sorprendente en estos tiempos de turbulencias en el mundo, en pleno siglo XXI, que sigan siendo los mismos aquellos principios que dieron origen a la sistematización del conocimiento en torno del estudio de la manera en que la sociedad decide qué se va a producir, cómo y para quién, ante el dilema que representa la escasez de recursos y la forma en que estos deben ser administrados para poder satisfacer las necesidades humanas.

Independientemente de la forma de gobierno y la economía que aplique cada país, según su ideología política, el objetivo del ser humano siempre será el mismo: Administrar los recursos para la sobrevivencia, los cuales siempre serán escasos, y —con ello— satisfacer sus necesidades, las cuales siempre serán difícilmente satisfechas, e incluso insaciables, como lo dice la ciencia económica moderna.

De unos años a la fecha, ha comenzado a hablarse de “capital humano”, ya no solamente como un recurso más del proceso de producción de bienes y servicios, sino más bien concebirlo como el centro del desarrollo económico.

Quien mejor ha entendido y desarrollado el concepto de “administración integral del capital humano” ha sido el empresario mexicano Raúl Beyruti, quien ha señalado que el concepto se sostiene en cuatro ejes que son: Educación, salud, deporte y desarrollo y protección patrimonial, lo que llevará al trabajador al arraigo y al perfeccionamiento en la realización de sus tareas cotidianas, lo que conocemos como “especialización”.

De ahí que la inversión en la educación del trabajador, ya estando en su centro laboral, no significa un gasto. Lo erogado en beneficio del desarrollo de capacidades afectará la utilidad de un solo periodo —el corriente— y no permitirá amortizar el concepto en el futuro. La aplicación de un concepto de inversión en un sólo ejercicio rompe con postulados económicos y financieros, puesto que la expectativa es que lo gastado en educación del trabajador reditúe durante todos los años que permanezca en una empresa, dando origen al concepto denominado capital humano. Toda esta serie de conceptos está desarrollada en la Teoría de la Administración Integral del Capital Humano, publicada recientemente por Beyruti, quien, con una gran visión emprendedora, la ha aplicado en la práctica a través de su empresa GINgroup, que hoy por hoy ha conseguido el liderazgo dentro del llamado mundo del outsourcing, tan satanizado en los últimos años por no desarrollar esta parte fundamental del desarrollo humano integral.

Lo novedoso de la implementación del concepto de “capital humano” considera que la inversión realizada en educación para la vida y capacitación para el trabajo tiene un efecto medible en el incremento de la productividad que una persona retribuye a la organización laboral de la que forma parte.

La subcontratación en el mundo laboral nace como consecuencia de la división del trabajo y de la especialización a la que pueda tener acceso quien perfecciona métodos y procedimientos para llevar a cabo una tarea determinada. No se trata de delegar tareas para buscar abatir costos y no optimizar procesos, a costa del bienestar y las prestaciones del trabajador.

En la actualidad, el régimen de subcontratación es vigilado de forma muy exhaustiva porque se asume a prácticas fiscales indebidas, incluso a defraudación fiscal y a simulaciones que tienen como objetivo principal hacer mella en los derechos de los trabajadores. El objetivo real de esta práctica es tener una serie de valores agregados a las certezas que requiere el ser humano en su faceta de trabajador. No se trata sólo de cumplir con los parámetros de la ley, sino que los excede en beneficio del trabajador y a favor de la políticas públicas que requieren generación de empleos debidamente remunerados, que contribuyan a la edificación de una mejor sociedad, que tanto necesitamos hoy en México.

 

Fuente: Excélsior