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¿Conoces al hombre que salvó el mundo?

Oct 07, 2015 Mariana Fonteboa

Era la guerra fría, el año: 1983. El mundo se encontraba en una tensa calma ante un inminente ataque entre la URSS y Estados Unidos y el posible comienzo de una guerra nuclear. El presidente Reagan estaba decidido a terminar con el comunismo y junto con la OTAN planeaba colocar misiles en Alemania Occidental y organizaban un ejercicio militar en Europa, entre otras cosas… con el pretexto de un ejercicio militar

Pero los líderes de URSS eran de la generación de la Segunda Guerra y recordaban perfectamente cómo, con el pretexto de un ejercicio, Hitler había engañado a Stalin y lanzado la Operación Barbarroja.

Permitir que se repitiera la historia era inadmisible, así que tomar la decisión de disparar todo su arsenal al recibir la primera indicación de un ataque nuclear.

La noche en que todo ocurrió

La noche del 25 de septiembre de 1983, un Coronel de 44 años de la sección de inteligencia militar de los servicios secretos de la Unión Soviética llegaba a su puesto de mando en el Centro de Alerta Temprana de la inteligencia militar, desde donde coordinaba la defensa aeroespacial rusa.

Sin embargo, ésa debería haber sido su noche libre. Fue convocado a último momento porque quien debía estar de guardia se había reportado enfermo.

Era Stanislav Petrov, cuyo trabajo era registrar aparentes lanzamientos de misiles enemigos. Justo en la madrugada, los sistemas de alerta temprana de la Unión Soviética detectaron un ataque con misiles desde Estados Unidos. Los reportes de la computadora sugerían que varios misiles nucleares habían sido lanzados. El protocolo para el ejército soviético habría sido tomar represalias con un ataque nuclear. Pero el oficial de guardia Petrov decidió no informar a sus superiores.

Pidió mantener la calma y que cada uno hiciera su trabajo. Y él hizo el suyo. Verificó todos los datos y pidió confirmación de visión aérea, los únicos que no pudieron confirmar dadas las condiciones climáticas.

A pesar de las confirmaciones, desestimó la advertencia como una falsa alarma. El tiempo de vuelo de un misil intercontinental balístico desde los Estados Unidos era de 20 minutos.

El principio básico de la estrategia de la Guerra Fría habría sido un lanzamiento nuclear masivo, una fuerza abrumadora y simultánea de cientos de misiles, no 5 misiles de a uno. Tenía que ser un error…

¿Pero si no lo era? ¿Si era una inteligente estrategia americana? El holocausto tan temido estaría sucediendo y él no haría nada?

Tenía cinco misiles nucleares balísticos intercontinentales en dirección a URSS y sólo 10 minutos para tomar la decisión “de qué informar” a la dirección soviética… Siendo perfectamente consciente que si informaba lo que todos los sistemas confirmaban, desencadenaría la Tercera Guerra Mundial.

Los 120 oficiales e ingenieros militares, con sus ojos fijos en él, esperaban su decisión.

Nunca antes en la historia, ni después, la suerte del mundo había estado en manos de un solo hombre como en esos 10 minutos. El futuro del mundo dependía de su decisión. Estimaba que aún no había nacido el loco capaz de condenar a la raza humana a la aniquilación.

Sabiendo que si estaba equivocado una explosión 250 veces mayor a la de Hiroshima ocurriría sobre ellos pocos minutos después sin que pudieran hacer nada, fue capaz de mantener la cabeza fría, de tener el coraje de escuchar a su instinto y de ajustarse a la conclusión de su “sentido común”. Y decidió reportar un mal funcionamiento del sistema.

Paralizados él y los 120 hombres a su cargo contaban los minutos que faltaban para que los misiles alcanzaran Moscú, cuando el sistema reportó una falsa alarma. Había tomado la decisión correcta. Y salvado al mundo de un cataclismo nuclear.

“Suerte que fuera yo”

Ahora Petrov cree que las posibilidades eran 50-50. Él admite que nunca estuvo completamente seguro de que la alerta era falsa.

Dice que era el único oficial de su equipo que había recibido una educación civil. “Mis compañeros eran soldados profesionales, se les enseñó a dar y obedecer órdenes”, contó. Por lo tanto, en su opinión, si alguien más hubiera estado en el turno, la alarma se habría lanzado.

Pocos días después, Petrov recibió una reprimenda oficial por lo que pasó esa noche. No por lo que hizo, sino por los errores en la bitácora. Se mantuvo en silencio durante 10 años. “Pensé que era una vergüenza para el ejército soviético que nuestro sistema fallara de esa manera”, dice.

Pero, tras el colapso de la Unión Soviética, la historia llegó a los medios. Petrov recibió varios premios internacionales.

Los muertos que no hubo

Después de conocerse este hecho, expertos de Estados Unidos y Rusia calcularon cuál habría sido el alcance de la devastación según el arsenal con el que contaban y habrían lanzado en ese momento. Se estima que entre 3 y 4 mil millones de personas, directa e indirectamente, fueron salvadas por la decisión que ese hombre tomó esa noche.

Recibió:

  • El Premio Ciudadano del Mundo el 21 de mayo 2004.
  • El Senado australiano lo premió el 23 de junio 2004.
  • Fue honrado en las Naciones Unidas el 19 de enero 2006. Dijo que fue su “día más feliz en muchos años.”
  • En Alemania, en 2011, el dieron el Premio Alemán de Medios, que reconoce a personas que han hecho contribuciones significativas a la Paz Mundial, por haber evitado una potencial guerra nuclear.
  • Fue Premiado en Baden Baden el 24 de febrero del 2012.
  • Galardonado con el Dresden Preis en 2013.
  • Y Kevin Coster realizó el documental “El Botón Rojo” en su honor.

Hoy en día continúa viviendo en su pequeño departamento de las afueras de Moscú, con una pequeña pensión de 200 dólares al mes, en relativo anonimato. Siendo el hombre que salvó al mundo, resulta injusto que nadie conozca la historia.