Notas de Interés

COVID-19: el reto más grande de la historia

Oct 14, 2020 Kristel Lopez

Cada segundo, aproximadamente, nacen cuatro bebés y mueren dos personas, lo que significa que estamos añadiendo dos individuos netos al planeta por segundo o 7,200 humanos más por hora. Para ponerlo en perspectiva, lo anterior equivale a replicar la población de la ciudad más poblada en el mundo (Tokio) con 38 millones de habitantes cada siete meses. Y esto sigue manifestándose en plena pandemia.En realidad, el incremento más relevante en la población ha sido sólo en los últimos 120 años cuando pasamos de 1.5 a 7.7 billones, un incremento equivalente a 372%. El efecto se visualiza drásticamente si graficamos la población mundial desde hace muchos miles de años atrás y veremos el efecto del palo de hockey.

En 2011, la revista Time publicó en la portada de su revista que el año 2045 sería cuando los humanos podríamos alcanzar la inmortalidad.

Es sensato pensar que una de las industrias donde se está enfocando la disrupción tecnológica es en salud, y hace todo el sentido que un médico esté limitado a la experiencia y estudios que pueda realizar en su tiempo de vida profesional; mientras que una computadora analiza la data de los pacientes de miles de médicos, encontrando correlaciones y tendencias que serían imposibles para un ser humano.

El futurista Ray Kurzweil dijo que la ciencia será capaz de extender la vida humana por más de un año, por cada año que nos mantenemos vivos, y podríamos empezar a vivir para siempre a partir de 2029.

Por otro lado, la pandemia que padecemos le puso el reto más grande de la historia a los gobiernos, comunidad científica, emprendedores, futuristas y a la comunidad en general. Nos recordó que podemos seguir siendo muy vulnerables como humanos.

Pero nuestra vulnerabilidad va más allá de la crisis sanitaria de COVID-19 si estamos conscientes que nuestro modelo lineal de vida, como lo es extraer, producir, consumir y desechar, no es sustentable. Si el mundo tuviera el consumo de Estados Unidos, necesitaríamos 4.1 planetas de recursos para satisfacer esa demanda, y sólo 1.4 planetas si fuera la demanda de Costa Rica. En cualquier caso, son malas noticias, ya que sólo tenemos un planeta.

Adicionalmente, los recursos del mundo que tenemos, está siendo afectado severamente por el calentamiento global. Cada año se emiten 30,000 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Cuando vemos las concentraciones de CO2 desde hace 400,000 años, siempre se había mantenido por debajo de los 300 ppm (partes por millón) y en los últimos 70 años no sólo llegamos a los 300, sino que hoy tenemos una concentración de 420 ppm.

Y la gente se pregunta: ¿esto afecta al planeta? Es claro que lo estamos sometiendo a niveles nunca antes visto en la historia. Por supuesto que esto tiene consecuencias devastadoras en los ecosistemas. Cada año se registran temperaturas récord, ya sea calientes o frías alrededor del mundo.

Los científicos estiman que si emitimos otras 700,000 millones de toneladas (MTon) de CO2 (el presupuesto de carbono), la temperatura a nivel mundial llegará a los 2 grados con efectos irreversibles en algunos ecosistemas. Muchos de ellos también estiman que la temperatura podría seguir aumentando incontrolablemente.

Los estimados de cuánto nos tomará emitir esas 700,000 MTon de CO2 varía, pero está entre los 14 y 20 años; es decir, muy pronto. Es claro que el mundo no se va a acabar, como coloquialmente se podría decir; sin embargo, es casi una certeza que veremos eventos climáticos más fuertes y más constantes alrededor del mundo, creando pérdidas económicas y humanas cada vez mayores.

Por ejemplo, a 1.5 grados el hielo de los océanos se mantendrá casi todos los veranos, pero a 2 grados océanos sin hielo serán 10 veces más probables. Eventos de extremo calor serán más comunes globalmente bajo el escenario de 2 grados, siendo los trópicos la región que más experimentará estos cambios. Se espera que las ciudades cerca del mediterráneo vivan sequías más abruptas que en un escenario de 1.5 grados.

La vida de las plantas y los insectos también se verá afectada. Por ejemplo 18% de los insectos tendrán un periodo de vida que será la mitad de lo que es hoy, y lo mismo pasará con el 8% de los vertebrados y el 16% de las plantas. También se estima que la mayoría de los corales desaparezcan en un escenario de 2 grados, y que el incremento del nivel del mar afecte entre 32 y 80 millones de personas en islas o ciudades, que son particularmente vulnerables a este efecto.

¿Qué debemos hacer?

¿Nos enfocamos en sobrevivir la pandemia? ¿En salvar nuestros negocios y nuestros trabajos? ¿En seguir impulsando el desarrollo tecnológico? ¿En limitar el calentamiento global? ¿En consumir los recursos del planeta de una manera sustentable?

Es claro que el mundo no puede transformarse radicalmente y eliminar las emisiones de CO2 en el corto plazo. Este no es un tema de genera energía sólo con renovables o de cambiar todos los autos de combustión interna por eléctricos. Los combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón son parte de nuestra vida más allá de autos y electricidad, como insumos importantes para industrias como cemento y acero, construcción, pero también artículos que usamos todos los días como plásticos de un solo uso (botellas, contenedores de comida, bolsas y más), detergentes, cosméticos, pinturas, ropa de material sintético y hasta pastillas como el ibuprofeno y la aspirina, que contiene petroquímicos en forma de aromáticos.

Si bien es cierto que existen una tendencia a cerrar plantas de carbón, no es un mandato global. Se habla que hemos alcanzado o estamos por alcanzar el punto máximo de demanda en el petróleo. Esto es una buena noticia, pero no suficiente, y seguiríamos en el escenario de alcanzar los dos grados de 14 a 20 años.

Por su parte, el gas natural, que es pensado como más amigable con el medio ambiente que el petróleo y el carbón, en realidad no lo es; debido a que produce 120 libras de CO2 por MBTU (1000 British Thermal Units); en tanto que el petróleo 150 y el carbón 200. Efectivamente, el gas gana, pero no por mucho al petróleo.

Por otro lado, la demanda de gas natural proyectada en los próximos 20 años será 40% mayor; aun cuando la demanda de petróleo y carbón se mantengan estáticas o con un decremento mínimo, en términos de emisiones de CO2, el gas estará contribuyendo significativamente. Y así la historia del gas natural como una alternativa de transición energética es correcta, mas no inofensiva al cambio climático.

Si bien es cierto que las energías renovables seguirán creciendo cada vez más en los próximos años y tienen una dependencia importante de la industria minera. Se estima que la demanda de cobre, para 2050, aumentará 40% solamente por los paneles solares y 36% por las turbinas eólicas. Estas estimaciones seguramente son incorrectas, considerando que el crecimiento de la energía solar y eólica siempre se han subestimado en los últimos años. Una disrupción próxima en baterías y adopción masiva en autos eléctricos creará una demanda aún mayor por los metales.

Entonces, la demanda por renovables creará un incremento en la extracción de recursos, en este caso metales y el uso de otros para su extracción, procesamiento y comercialización. Es así, que el desarrollo en renovables por sí solo no es suficiente y no solamente porque sólo cubre la generación eléctrica, sino porque detona actividad en otras industrias que deben ser responsables con sus emisiones, y de ahí el concepto de Climate Smart Mining presentado por el Banco Mundial en 2019.

¿A qué se enfrenta el planeta?

El otro tema a considerar es el reciclaje que, en la mente de mucha gente, es de sentirse que está contribuyendo a salvar el planeta. Hace tan sólo tres años, el 60% de los desechos plásticos de los países en el Grupo de los 7  o G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) eran exportados a China y Hong Kong, que crearon grandes negocios en reciclaje con esos desechos con regulación poco rígida, lo que les permitía a las empresas tener modelos operativos lucrativos, aunque no necesariamente con condiciones adecuadas para la gente que trabaja en ellas, ni con prácticas que protegieran el planeta.

En 2017, China decidió implementar la política de la Espada Nacional, con el fin de crear una regulación altamente estricta que haría que los negocios con sus prácticas de ese momento no fueran rentables. Como consecuencia y cuestión de un año, China y Hong Kong pasaron de recibir el 60% de los G7 a tan sólo un 10%. En términos coloquiales, estaban siendo usados como el basurero del Grupo de los 7.

China y Hong Kong son un ejemplo para el resto de mundo, mostrando cómo pudieron cambiar radicalmente el flujo de plástico a sus países en un periodo de 12 meses.

Esto creó una crisis al empezar a acumular todos esos desechos plásticos dentro de sus propios países, lo cual en muchos casos no era aceptable por regulaciones propias. Otros países asiáticos, que ya tenían una participación de esos desechos plásticos, empezaron a absorber el volumen que China y Hong Kong ya no tomarían.

Sin embargo, lo único que está pasando es que la gente en los países desarrollados se siente bien separando y reciclando los desechos plásticos, sin saber que terminan en playas o ríos de los países asiáticos que carecen de una regulación estricta.

En general, el impacto al planeta sólo se está exportando a países en vías de desarrollo con leyes que les permiten operar y ser rentables, pero bajo condiciones no sustentables ni socialmente responsables.

El Foro Económico Mundial hizo una publicación llamada “Towards the Circular Economy: Accelerating the scale-up across global supply chains”, en la que se expone el concepto de economía circular como una iniciativa que no sólo representa una oportunidad de negocio calculada en 4.5 trillones de dólares estadounidenses, sino un modelo operativo para hacer un cambio radical en la forma en que usamos los recursos de nuestro planeta.

El reciclaje sólo es una pequeña parte dentro del concepto de economía circular, llevándonos a un rediseño completo de los procesos productivos que junto con la industria 4.0 se pueden controlar el origen y la trazabilidad (e.g. usando blockchain) de cada uno de sus componentes.

De una tonelada de roca en una mina, se pueden obtener cinco gramos de oro, 200 gramos de plata y 6 kg de cobre, y para obtener todos estos minerales se requiere no solamente grandes inversiones de capital y operaciones de alto riesgo, sino el uso de muchos recursos naturales y el trabajo de muchas personas.

Si tuviéramos una tonelada de celulares que la gente desecha todos los días, podríamos obtener 150 gramos de oro, 3 kg de plata, y 100 kg de cobre. La oportunidad de negocio e impacto al medio ambiente no puede ser mayor, sólo necesitamos pensar diferente y abrazar el cambio.

Las organizaciones deben saber que el mundo está cambiando y que el valor que estiman los analistas sobre las mismas no serán, exclusivamente, por sus estados financieros, sino también por sus acciones hacia otros temas, entre ellos la sustentabilidad y responsabilidad hacia el mundo.

Necesitamos dejar de maquillar la situación que vivimos, dejar de pensar que el gas natural es amigable con el planeta, que reciclando plásticos de un solo uso somos héroes verdes, que las energías renovables y los autos eléctricos resuelven el calentamiento global por sí solos.

Así como China y Hong Kong decidieron no ser más el basurero de los países G7, muchas naciones deberían de implementar políticas que realmente sean estrictas y obliguen a las industrias a reinventarse. El impuesto a las emisiones de CO2 es una de esas medidas que podría forzar a las compañías a migrar a modelos circulares que sean más rentables que sus operaciones actuales pagando un impuesto de emisiones.

Por otro lado, la captura, almacenamiento y uso de CO2 (Carbon Capture, Storage and Usage) no será rentable hasta que las empresas tengan que o pagar impuestos por sus emisiones o comprar la captura equivalente con estas plantas.

La pandemia es un claro ejemplo que para mover al globo terráqueo se necesita algo que realmente nos ponga a todos vulnerables sin importar raza o estatus social. ¿Por qué esperar a que sucedan eventos climáticos que no sólo tendrán impactos altamente económicos para las empresas y los gobiernos, con lo que habrá pérdidas humanas considerables? ¿Por qué no aceptar que sólo estamos incursionando en iniciativas con impacto insuficiente para evitar llegar a los 2 grados? ¿Por qué las empresas no se dan cuenta de la oportunidad económica tan grande que existe en modelos como el de economía circular? Tal vez cuando nos demos cuenta, el planeta en tan sólo 20 años no será el mismo que conocemos hoy y habremos pagado un saldo altísimo tanto económico como humano.

Fuente: MIT.