Salud

Las nuevas medidas contra el coronavirus si se transmite por el aire

Jul 15, 2020 Angel Ruiz

La semana pasada la transmisión aérea se volvió un gran problema en el debate público sobre el coronavirus (COVID-19). Más de 200 científicos de todo el mundo han escrito una carta dirigida a la Organización Mundial de la Salud (OMS) instándola a tomar en serio la creciente cantidad de pruebas de que el coronavirus se puede transmitir por el aire. Aunque la OMS no aún no ha redefinido el SARS-CoV-2 (el virus que causa la COVID-19) como transmisible por el aire, pero sí reconoce que “se necesita más investigación urgente sobre el tema y análisis de su importancia en la transmisión de COVID-19”.

El microbiólogo de la Universidad de Tulane en Estados Unidos Chad Roy explica: “Sinceramente, no sé qué espera la gente. No hace falta que la OMS salga a proclamar la transmisión aérea para que nosotros mismos reconozcamos que se trata de una enfermedad transmitida por el aire. No sé cuánto más clara debe ser la evidencia científica”.

Pero, ¿qué significa la “transmisión aérea” en este contexto? Básicamente es una cuestión de tamaño. Está bastante claro que el SARS-CoV-2 se transmite a través de pequeñas gotitas que contienen partículas virales capaces de provocar una infección. Sin embargo, un virus que se transmite por el aire se define con diferencias, en función del experto al que se le pregunte. En general, esta definición indica que se puede propagar por inhalación de pequeñas partículas conocidas como aerosoles a largas distancias, tal vez incluso desde habitaciones separadas.

“Por eso, cuando se les pregunta a algunos profesionales si el virus se transmite por el aire, dirán que no, porque no estamos detectando transmisión a ese tipo de distancias“, explica la profesora jubilada de salud pública que actualmente trabaja como consultora para empresas y organizaciones Lisa Brosseau.

También existe cierto debate sobre lo que entendemos por “aerosoles”. Las gotitas que transportan las partículas virales a través del aire pueden ser de distintos tamaños, pero mientras que las más grandes caen rápidamente al suelo u otras superficies, las más pequeñas (de solo unas pocas micras de ancho) pueden permanecer suspendidas en el aire durante un tiempo, lo que permitiría su inhalación. La palabra aerosol se usa principalmente para describir estas partículas más pequeñas, aunque Brosseau preferiría el término “transmisión mediante aerosoles” para cubrir toda la gama de partículas virales inhalables que son expulsadas al aire, tanto grandes como pequeñas.

Si el SARS-CoV-2 se transmite por el aire, no es la única enfermedad de este tipo. El sarampión es conocido por permanecer en el aire hasta dos horas. La tuberculosis, aunque es una bacteria, puede transmitirse por el aire durante seis horas, y Brosseau sugiere que los superpropagadores del coronavirus (personas que parece que expulsan una mayor cantidad de virus que los demás) diseminan el virus en patrones que recuerdan al tipo de infección de la tuberculosis.

Se podría decir que ya existen pruebas de que este tipo de transmisión con el SARS-CoV-2. Varios grandes estudios apuntan a la transmisión aérea como una vía importante de la propagación de la COVID-19 del virus. Otros trabajos sugieren que puede permanecer en gotitas de aerosoles durante horas. Un nuevo estudio dirigido por Roy y su equipo muestra que las partículas infecciosas de aerosoles con SARS-CoV-2 en realidad podrían quedar suspendidas en el aire hasta 16 horas y mantener su capacidad infecciosa mucho más tiempo que el MERS y el SARS-CoV-1 (otros importantes coronavirus de este siglo).

Todavía no sabemos qué le da a SARS-CoV-2 la característica de transmisión aérea. “Pero puede ser una de las razones por las que se trata de una pandemia, y no simplemente de un pequeño brote como con cualquier otro coronavirus”, cree Roy.

Cambio de estrategia

El hecho de que el virus se transmita por el aire no es simplemente una cuestión científica. Si se confirma, podría significar que en lugares donde el virus no se ha contenido adecuadamente (por ejemplo, en EE. UU.), la economía debe reactivarse más lentamente, bajo regulaciones más estrictas que refuercen las prácticas de salud actuales y con la introducción de otras mejoradas. Nuestras tácticas actuales para detener la propagación no serán suficientes.

Roy quisiera ver normas más enérgicas sobre el uso estricto de mascarillas para todos los que salgan de casa. La experta sostiene: “Este virus se propaga como loco. Llevar mascarillas puede ayudar muchísimo a detener la transmisión. Creo que cualquier cosa que promueva el uso de mascarillas sería útil para frenar la producción de aerosoles en el medio ambiente”.

No obstante, Brosseau subraya que, aunque las mascarillas pueden limitar la propagación de las partículas grandes, no ayudan mucho con las más pequeñas, especialmente si se llevan muy flojas. Y añade: “Me gustaría que dejáramos de confiar en la idea de que cubriéndonos la cara se resolverá todo y que eso ayudará a aplanar la curva. Es un pensamiento mágico, no va a suceder”. Para que las mascarillas realmente marquen la diferencia, deberían usarse todo el tiempo, incluso en familia.

Considera que las pruebas llevan a la conclusión de que la transmisión aérea es “el modo de propagación del SARS-CoV-2 primario y posiblemente el más importante”. Y añade: “Creo que la cantidad de tiempo y esfuerzo dedicado a desinfectar cada superficie una y otra vez ha sido una gran pérdida de tiempo. No necesitamos preocuparnos tanto por limpiar cada superficie que tocamos”. En lugar de eso, la atención debería centrarse en otros factores, como dónde pasamos nuestro tiempo.

Espacios abarrotados

Una de las mayores preguntas que todavía tenemos sobre la COVID-19 es qué cantidad de carga viral se necesita para causar la infección. La respuesta cambia si la preocupación está en los aerosoles. Las partículas más pequeñas no transportan tanta carga viral como las más grandes, pero como pueden permanecer suspendidas en el aire durante mucho más tiempo, posiblemente no importe porque se acumularán en concentraciones más grandes y se distribuirán más ampliamente cuanto más tiempo una persona contagiada esté por ahí expulsando el virus en forma de aerosoles.

Cuanta más gente entre y salga de un espacio cerrado, más probable será que aparezca una persona infectada. Cuanto más tiempo pasen los contagiados en ese espacio, mayor será la concentración de virus en el aire a lo largo del tiempo. Estas son malas noticias, especialmente para los espacios donde las personas se congregan durante horas, como restaurantes, bares, oficinas, aulas e iglesias.

La transmisión aérea no necesariamente significa que estos lugares deban permanecer cerrados (aunque eso sería ideal). Pero limpiar las superficies con desinfectante y obligar a todos a usar mascarillas no será suficiente. Para permanecer abiertos de manera segura, no solo tendrán que reducir su aforo, también deberán reducir la cantidad de tiempo que la gente puede pasar allí. Aumentar el distanciamiento social más allá del metro y medio también ayudaría a mantener a las personas más seguras.

Asimismo, la ventilación debe convertirse en una de las mayores prioridades. Esto va a ser un gran problema para los edificios más antiguos que suelen tener peores sistemas de ventilación, y es posible que las zonas con muchos de esos sistemas tengan que permanecer cerradas por bastante más tiempo. El impacto de la propagación asintomática (transmisión por personas que no se sienten enfermas) y de los superpropagadores solo agrava aún más este problema. Pero la investigación realizada por el Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. demuestra que, en presencia de luz ultravioleta (UV), las partículas en aerosoles del tamaño que estudiaron los investigadores de Tulane desaparecerían en menos de un minuto. Varias empresas han empezado a usar robots con rayos UV para desinfectar habitaciones de hospitales, centros comerciales, tiendas, estaciones de transporte público, etcétera.

Para muchos lugares, los mayores retrasos en la reapertura económica podrían ser, al final, el precio que a pagar para controlar el virus. De lo contrario, el suceso que tuvo lugar cuando el único bar abierto en Michigan (EE. UU.) provocó un brote de más de 170 nuevos casos podría volverse común.

De cara al otoño, “las implicaciones son profundas, pero no tan difíciles de comprender”, asegura el experto en aerobiología de la Universidad de Maryland (EE. UU.) y uno de los autores que firmó la carta a la OMS, Donald Milton. El investigador detalla: “Debemos dar subsidios a bares y restaurantes para que permanezcan cerrados. Tenemos que aumentar la ventilación donde podamos y comenzar a hacer un uso lo más extenso posible del saneamiento del aire con UV germicida en la parte superior de las salas y tal vez aún más UV en lugares que deben seguir abiertos, como escuelas primarias. Hay que espaciar las horas de entrada al trabajo y mantener baja la densidad en el transporte público, o abrir ventanas. Y debemos usar mascarillas”.

 

 

Fuente: MIT Technology Review.